Cuando las alumnas también se convierten en maestras.

Cuando las alumnas también se convierten en maestras
Una historia de crecimiento, servicio y amistad.

Rocío Longoria y María Carvajal llegaron a mis clases en momentos diferentes de mi camino.

Rosy comenzó a practicar conmigo alrededor de 2017, junto con María Estrella, cuando yo todavía daba mis primeros pasos como maestra de Kundalini Yoga. María llegó varios años después, aproximadamente en 2024. Cada una tiene su propia historia, su manera de aprender y una luz muy particular, pero ambas se fueron convirtiendo en una parte muy importante de nuestra comunidad y también de mi vida.

Hace aproximadamente dos años, en el corazón de Rosy nació el deseo de convertirse en maestra. Hace algunos meses, esa misma inquietud comenzó a despertar en María. Ahora tengo la fortuna de acompañarlas desde un lugar distinto: no solamente como sus maestra de clase, sino como una guía con un poco más de experiencia dentro del camino que ellas han decidido comenzar.

Pero la verdad es que el acompañamiento nunca ocurre en una sola dirección.

Mientras yo comparto con ellas lo que he aprendido, ellas también me acompañan en mi propio proceso dentro de la Academia de KRI. Estudiamos, conversamos, nos hacemos preguntas y aprendemos a mirar con mayor profundidad lo que significa sostener una práctica y servir a una comunidad.

También hemos atravesado juntas algunos momentos complejos. Como sucede en cualquier comunidad viva, hemos experimentado cambios, diferencias y despedidas que no siempre han sido fáciles. Sin embargo, hemos procurado transformar cada situación en una oportunidad para observarnos, aprender y crecer. Estos retos nos han ayudado a madurar como seres humanos, como guías y como maestras.

Aunque formalmente yo sea su líder, ellas hacen que cada una de mis clases sea más hermosa.

Llegan y comienzan a transformar el espacio: acomodan, preparan el altar, traen flores, incienso y adornos. A veces aparecen con regalos, comida o fruta para compartir. Pero lo más importante no es todo lo que llevan en las manos, sino lo que ofrecen con su presencia: sus sonrisas, su transparencia, su gracia, su disposición y su amor.

Hay gestos que parecen pequeños, pero que cambian por completo la experiencia de una clase. Gracias a ellas, el espacio se siente cuidado. Las personas se sienten recibidas. Y yo también me siento acompañada.

Verlas comenzar su formación como maestras me llena de emoción, pero también me recuerda que nadie llega a este camino completamente preparado. Todos vamos aprendiendo mientras practicamos, servimos, nos equivocamos, reflexionamos y volvemos a comenzar. Una maestra no se forma únicamente con conocimientos o certificaciones; también se forma en la manera de relacionarse, de sostener los momentos difíciles y de poner su corazón al servicio de los demás.

Cada clase que compartimos es un aprendizaje para las tres. Yo puedo guiarlas desde mi experiencia, pero ellas también me muestran nuevas maneras de acompañar, crear comunidad y enseñar con amor.

Me siento profundamente afortunada de que sean mis alumnas, mi apoyo, mis compañeras de camino, mis maestras y mis amigas. Gracias, Rosy y María, por ayudarme a sostener este espacio y por recordarme que cuando una persona crece, su luz también ayuda a iluminar el camino de quienes están a su alrededor.

Qué privilegio poder verlas florecer como maestras y, al mismo tiempo, continuar creciendo junto a ustedes.

Brenda Jeet Shakti K

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Mirna Pineda