Mirna Pineda

Hay personas que llegan a nuestra vida y, sin proponérselo, dejan una huella profunda. Personas capaces de transformar la vida de quienes tienen la fortuna de encontrarlas, acompañarlas y aprender de ellas.

Para mí, Brenda Shakti es una de esas personas.

La primera vez que hablamos por teléfono, yo no buscaba solamente una clase. Buscaba también un espacio de encuentro, una comunidad de personas interesadas en el aprendizaje continuo, en el crecimiento y en el desarrollo del ser humano. Me dieron su contacto y aquella primera conversación duró casi una hora. Desde entonces, algo comenzó a tejerse entre nosotras.

Empecé a acudir a sus clases de Kundalini Yoga y, a través de ellas, tuve también la oportunidad de conocer y conectar con mujeres maravillosas: mujeres abiertas al aprendizaje, generosas de corazón y comprometidas con su propio crecimiento.

Mi experiencia con Brenda ha sido extraordinaria. Además de ser una maestra excepcional, con el tiempo se convirtió en una amiga cercana y en una compañera de camino. También tuvimos la oportunidad de ser socias como instructoras de programas enfocados en el desarrollo del potencial humano.

Juntas trabajamos en el diseño y realización de talleres y seminarios para mujeres y parejas. Creamos y compartimos diversos Círculos de Mujeres y participamos en eventos de emprendimiento, siempre con el propósito de acompañar y apoyar a quienes deciden aprender, crecer y poner en práctica nuevas herramientas para transformar sus vidas.

Mi experiencia de trabajo con Brenda ha sido profundamente enriquecedora, positiva y, sobre todo, humana.

Aunque la vida me llevó a mudarme de estado, nuestra conexión no se ha interrumpido. Continúo enlazada a sus enseñanzas a través de las clases que imparte en línea, pero nuestra amistad va mucho más allá de una pantalla. Seguimos conectadas desde la mente, desde el corazón y desde esa complicidad que nace cuando dos mujeres han compartido aprendizajes, sueños y etapas importantes de la vida.

Hemos aprendido una de la otra mientras atravesamos una etapa de madurez, descubriendo que el crecimiento no tiene edad y que siempre hay algo nuevo que aprender, compartir y entregar.

Brenda es una líder sensible, amorosa y profundamente humana. Es de esas personas que no necesitan apagar ninguna luz para hacer brillar la propia. Su presencia ilumina, inspira y abre caminos para quienes tienen la fortuna de caminar a su lado.

Fue, y sigue siendo, una mujer luminosa en mi vida.

A Brenda, mi reconocimiento, mi cariño y mi profunda gratitud por todo lo compartido y por todo aquello que, juntas, todavía podemos seguir sembrando.

Con gratitud,

Mirna Pineda

Periodista, autora y capacitadora en Desarrollo Humano

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